Hay una fábrica de sueños
que reside detrás del miedo
que se esconde en la mirada,
que no te otorgo, que no te entrego.
En la mirada que escapa de mis ojos
cuando sé que no me observas,
que no me miras,
que ni siquiera me piensas.
Me ronroneo en tu espalda
como una gata en celo,
para que no se crucen
tu mirada y la mía.
Surcando los perfiles de tu piel
con la lengua mojada,
en los deseos que despiertan las caricias
de tu mano en mi cuerpo.
Olvido quién soy y de dónde vengo
para trasformar la idea en juego,
a veces te gano y a veces… me pierdo.
Vencedora perdida en el placer,
cuando siento que ya estas dentro.
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